La Larga Noche De La Furia (1972)

INFO

El pequeño pueblecito de Ajo, en Arizona, tiene un serio problema con una plaga de conejos. Preocupado por el uso de pesticidas y derivados químicos, un zoólogo y un granjero de la zona intentan resolver la situación con el uso controlado de hormonas. O al menos eso creían, ¡puesto que los conejos se han convertido en criaturas sanguinarias de más de dos metros de altura!
AÑO: 1972

DURACIÓN: 88 min.

PAÍS: EEUU

DIRECTOR: William F. Claxton

GUIÓN: Don Holliday, Gene R. Kearney

MÚSICA: Jimmie Haskell

FOTOGRAFÍA: Ted Voigtlander

REPARTO: Stuart Whitman, Janet Leigh, Rory Calhoun, DeForest Kelley, Paul Fix

PRODUCTORA: A.C. Lyles Productions

GÉNERO: Terror natural

“Entonces, ¿qué tenemos aquí, vampiros? Posiblemente.”

¿Qué es lo que lleva a uno de los directores más recurrentes en Bonanza a dirigir una película sobre conejos mutantes asesinos? Eso mismo no paraba de preguntarme mientras veía el reloj una y otra vez en los 88 minutos que dura La Larga Noche De La Furia. Y es que da igual que el filme cuente con caras conocidas de la talla de Janet Leigh o DeForest Kelley, la verdad es que La Larga Noche De La Furia bien podría ser una de las peores películas ecologistas que jamás haya visto.

La Larga Noche De La Furia nos traslada a un pequeño pueblecito de Arizona llamado Ajo. Allí, una plaga de conejos está causando estragos desde hace unas semanas y el ayuntamiento está empezando a preparar un plan de ataque con todo tipo de pesticidas. Alarmados por la cantidad de noticias de efectos secundarios que puede traer el uso de pesticidas sobre la zona, un zoólogo y un granjero local deciden involucrarse y buscar una solución alternativa. Desafortunadamente, mientras estudian a varios sujetos de prueba de la población lepórida local, uno de estos conejos escapa portando una nueva cepa de hormonas sin testear… ¡hormonas capaces de convertir a un lindo conejito en la perfecta máquina de matar!

A principios de los años 70, el suroeste estadounidense se vio asolado por una de las mayores plagas de conejos que jamás se hubieran visto hasta entonces. Decenas y decenas de conejos arrasaban todo a su paso como si de un ejército mongol se tratara. Y esto debía de dar mucho miedo, puesto que el productor A.C. Lyles se sintió totalmente inspirado ante tal dantesco escenario y decidió abandonar el western por la ciencia ficción terrorífica. El mundo necesitaba la película de conejos asesinos definitiva.

¿Y qué mejor forma de hacerse con un guión digno que adaptando una novela pulp australiana? Lyles, en un acto de “absoluta brillantez”, decidió adaptar The Year Of The Angry Rabbit, obra del australiano Russel Braddon que narraba cómo el primer ministro australiano conquistaba el mundo con un ejército de conejos gigantes, portadores de una cepa supervirulenta de mixomatosis. Como podéis comprobar, la historia original poco tenía que ver con lo que nos ofrece La Larga Noche De La Furia, pero minucias así no iban a a detener a Lyles.

¿Pero quién en su sano juicio dirigiría esta película? Pues parece ser que había quien estaba interesado y para el trabajo se contrató a William F. Claxton, quien se había labrado una carrera más que interesante en el western, siendo especialmente importante destacar su paso por Bonanza. Tras contratar a Claxton, el resto del reparto era pan comido para nuestro amigo Lyles. Mención especial de Janet Leigh, que aceptó el contrato porque no tenía nada mejor que hacer y le pillaba el rodaje cerca de su casa. Esto es cierto.

¿Qué puedo decir de La Larga Noche De La Furia? ¿Habéis sentido alguna vez cómo se os derrite la carne de los párpados cuando se acerca una barra de hierro candente? Yo no, pero estoy seguro de que se debe sentir algo parecido a lo que he experimentado viendo esta película.

Como ya he comentado, la película dura unos 88 minutos pero, si elimináramos las escenas en las que una “estampida” de conejos se mueve a cámara lenta, seguramente se quedaría en poco más de un hora. Al parecer, una gran parte del presupuesto fue destinado a la creación de maquetas de todo tipo, escenarios donde las verdaderas estrellas de la película, los conejos, hacían lo que mejor sabían hacer… nada. Era de esperar, entonces, que Lyles optara por dotar de mayor importancia a la destrucción que causaban estas espantosas criaturas, nótese la ironía.

A todo esto, tened en cuenta que las escenas de conejos se intercalan con toda una sucesión de eventos en los que los actores parecen no tener idea de en qué película se han metido. Eventos que, por cierto, no ayudan a que la trama avance en ningún momento, pues no será hasta los últimos minutos en los que los protagonistas principales idearán una trampa de lo más ridícula para resolver su lepórido problema.

Quizá lo peor de todo sea lo insignificante que llega a ser esta película. En una época en la que el movimiento anti-nuclear y ecologista iba cogiendo fuerza, me resulta imposible entender cómo no se desarrolló una historia que aprovechara el tirón del momento. ¿Es que consideraban que una plaga de conejos en una zona rural de EEUU iba a ser suficiente reclamo? Imposible, tened en cuenta que, para colmo, su estrategia de marketing era ocultar que realmente se trataba de una película de conejos gigantes asesinos… regalando patas de conejos promocionales. ¿Podría ser que una vez vieron el producto final ni el productor creyera ya en la validez del mismo? Me lo creería por completo.

Todo en esta película es chapucero, torpe y esperpéntico. Da igual con qué razon acudáis a ver La Larga Noche De La Furia, acabaréis deseando tener a mano un buen vaso fresquito de Kool-Aid, Jonestown style. Si no me creéis, pensad que William F. Claxton acabaría produciendo y dirigiendo La Casa De La Pradera justo después.

EN DOS FRASES

Más allá de la ridícula idea en la que se basa la película, no hay nada que destacar. Sólo espero que, si Janet Leigh pudo olvidarla, yo también pueda.

PUNTUACIÓN

puntoshoguera

Mario Padilla
Mario Padilla
Un simple conocedor de lo oculto al que aún le queda mucho por descubrir. Coleccionista, cinéfilo y podcaster en El Terror No Tiene Podcast. Aunque no lo parezca, ni Arrow ni Criterion me pagan la nómina.

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